Narcoinsurgencia y Punto Final

ImagenDesde 2009 algunas dependencias  y funcionarios gringos han afirmado que en México existe ya una narcoinsurgencia.

La semana pasada, el senador Richard Lugar fue el protagonista de este capítulo de acusaciones internacionales, de las cuales preocupa la aceptación casi sin chistar de un término vago y acuñado bajo la carga ideológica norteamericana que pese a su larga experiencia bélica se empeña en matizar, calificar y combatir todos los conflictos armados (propios y externos) de la misma manera.

En primera, no podemos calificar a todo aquel que combate o ignora al Estado como insurgente, si eso fuera hasta los que no pagan impuestos, compran o venden piratería serían insurgentes.

La insurgencia es algo más complejo, en pocas cosas se han puesto tan bien de acuerdo izquierda y derecha que en definirla, es por decir lo menos, aquella rebelión armada que busca derrocar un Estado para implantar otro sistema, todo bajo la justificación e inspiración de una ideología radicalizada, perfectamente difundida y sólidamente sustentada.

Por la forma de enfrentar al gobierno, de atacar a la ciudadanía y de delinquir nadie puede negar que el narco en México opera como “Guerra de Guerrillas de Alta Densidad Mixta”.

Guerra de Guerrillas porque los narcos atacan al enemigo autoridades civiles y militares en sus dominios mediante ataques rápidos, sorpresivos de gran impacto mediático y posicológico.

De Alta Densidad porque los narcos están armados con suficiencia, organizados jerárquicamente, defienden o buscar apoderarse de un territorio y cuentan con centros de mando. Y Mixta porque operan en zonas rurales y urbanas.

Lo que poco se ha difundido es que existen varios tipos de guerrillas: la política, la religiosa y narco; cuya principal es la ideología.

Mientras que las guerrillas políticas buscan derrocar al Estado, acceder al poder y extender el bienestar social; las del narco solo aspiran a colocar su mercancía, ganar mucho dinero y se conforman con escapar y en el mejor de los casos negociar con la autoridad.

Para cualquier Estado es mucho más peligrosa una guerrilla política o religiosa que una narco.

La guerrilla forma ejércitos públicos populares para intentar consolidar anhelos de bienestar social, el narco crea células privadas para agilizar su negocio.

La guerrilla ideológica tiene respaldo social que constantemente busca incrementar; el narco en México por el contrario diariamente acaba con su base social al atacar a la sociedad civil, muy lejos quedó la imagen del narco dadivoso que ayuda a su pueblo.

El narco opera por dinero, por un sueldo, el guerrillero lo hace por un ideal; si se acaba el dinero el narco cambia de delito o cártel; mientras que a un guerrillero mientras no se le acabe la inspiración seguirá combatiendo.

Siempre será más difícil derrotar a un convencido que a un asalariado.

Por fortuna, en México la narcoideología se reduce a tener dinero, “troconas, viejonas, casonas”.

Punto Final

Facebook es los amigos que tenemos y tuvimos, twitter los que tenemos y quisiéramos tener.

PABLO TORRES CORPUS

torrescorpus@hotmail.com

Imagen, Zacatecas 24 noviembre 2010.

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