Gays infiernales y Punto Final

Con 9 a 2 la Suprema Corte de Justicia de la Nación avaló la reforma al Código Civil del Distrito Federal que al reconocer la unión conyugal de parejas homosexuales permite a la adopción de menores.

El reconocimiento constitucional ha generado comentarios y debates razonables entre los pro y contra, pero también una peligrosa ola de intolerancia y agresiones entre los fanáticos del Estado moral, de la “naturaleza divina” y de la “normalidad de las familias” contra los que promovieron y aprobamos el reconocimiento.

Iglesia y personas tienen derecho a expresar su inconformidad o argumentos contra la unión “gay” y la posible adopción, pero el derecho a expresarse no les da derecho de convertir en delito para todos lo que es pecado para ellos.

Que se reconozco el derecho de los homosexuales a adoptar en el DF no quiere decir que van a estar regalando niños a la pareja gay que pase, para adoptar las parejas homosexuales pasarán el mismo proceso por el que pasan parejas heterosexuales, viudos, etcétera.

Quienes se oponen a la adopción argumentan que la adopción es contra natura: sí personas del mismo sexo no pueden concebir es porque así lo marca la naturaleza.

Argumentar natura o su contra es limitado, uno de los rasgos más valiosos de la humanidad es precisamente ir contra natura, gracias a la contranatura existe la medicina que interfiere contra las fallas naturales y además de darnos bienestar salva millones de vida.

Gracias a la contranatura tenemos literatura, artes, tecnología, gastronomía, erotismo, instituciones, leyes, iglesias. No hay animal irracional que lea, creé, invente, cocine o reglamente.

Los que están en contra de las adopciones discriminan para alertar que los adoptados por homosexuales pudieran ser discriminados.

A estas alturas debemos de estar conscientes que los intolerantes discriminan activamente por todo: género, sexo, música, ropa, partido, apariencia, equipo de futbol y hasta marca de cerveza.

De repente surgió entre los opositores una gran preocupación por los niños abandonados, cuando han estado ahí durante décadas vagando y mendigando, o en el mejor de los casos en hospicios condenados al amor distante de quienes los administran.

Esos que nunca han adoptado, que no pretenden adoptar y que nunca han colaborado con un orfanato quieren negar la oportunidad de un hogar a los abandonados.

A quienes preguntan dónde está el derecho del niño de elegir sí es o no adoptado por parejas homosexuales; debemos decirles que ese derecho está en el mismo lugar donde está el derecho de elegir sí es adoptado por heterosexuales. Se les olvida que el menor abandonado no pudo elegir ser procreado por padres responsables.

Si las parejas heterosexuales fueran sinónimo de éxito o “normalidad” no habría niños abandonados.

PuntoFinal

No olviden que por cada niño abandonado que pudiera ser adoptado por homosexuales existe una pareja heterosexual “normal” que no funcionó y al menos un heterosexual que falló, que fue irresponsable.

PABLO TORRES CORPUS 

torrescorpus@hotmail.com (Imagen, Zacatecas, 18 agosto 2010)

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2 comentarios en “Gays infiernales y Punto Final

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