La Tauromaquia y Punto Final

En los últimos meses las protestas de antitaurinos han aumentado en diversas ciudades del país. Como sí fuera moda, estos movimientos mayoritariamente compuestos por adolescentes y jóvenes “naturalistas” se manifiestan en plazas públicas o frente a las Plazas Taurinas.

El fin de las protestas es que se prohíban las corridas de toros; los argumentos con poses de intelectualidad son que: los bureles sufren mucho durante las faenas; se atenta contra los derechos de los animales; que el toreo no es arte, no es deporte ni manifestación cultural. Y así sin más argumentación se promueve la eliminación de la fiesta brava.

Quienes se oponen a las corridas de toros por proteger a la bestia, deberían saber que sin la crianza especializada del toro para lidias, esta raza se hubiera extinguido hace al menos 200 años debido a su fisonomía y naturaleza. Incluso, castas bravas como la Navarra desaparecieron por la falta de cría especializada.

Es una ingenuidad pretender clasificar o tratar al toro de lidia como animal sereno, como mascota de familia. La bravura y la violencia son parte intrínseca de la naturaleza de este animal; que aun en su “estado natural” ataca, embiste y se bate a muerte con otros astados en situaciones mucho más violentas y lentas que en las corridas.

En todas las manadas existe un toro “cabeza” o “mandón” que a sangre y muerte se convierte en el líder del grupo, liderazgo que constantemente es puesto en duda y retado por otros toros que instintivamente pretenden elevar su jerarquía desatándose feroces peleas a cuerno limpio.

Regularmente el animal perdedor muere, pero si logra sobrevivir se retrae de la manada para vivir aislado.

Es limitado pensar en otro fin para el toro de lidia que no sea la lidia, es su naturaleza y el objetivo de su crianza. Desde finales del siglo XV que se establecieron las primeras ganaderías especializadas en lidia, el objetivo ha sido mantener y potenciar a los astados.

Por ello en su naturaleza esta la violencia, la sangre. En Portugal que realizan corridas sin sacrificar al toro, es común que después de la corrida el animal muera a consecuencia de infartos o trombos, debido a la adrenalina y coraje producido durante la lidia.

Conforme han avanzado los métodos de cría, cruza y reproducción, el objetivo de los ganaderos ha sido el mismo, mantener la bravura y nobleza del animal, nunca han intentado o propiciado cruzas para que el toro produzca más carne, leche o tenga un carácter más dócil que permita su manejo.

Al terminar con las corridas, también se terminaría con las ganaderías bravas que dejarían de asistir y criar reses bravas, se extinguiría el negocio, pero también el animal.

Tal vez algunos bureles se mantendrían en zoológicos, pero sin el cuidado, afán y mejoras genéticas que tienen las ganaderías, su permanencia sería tan cara y delicada como la de los ositos panda. Al paso del tiempo los toros de lidia sobrevivientes perderían su esencia, trapío, encaste.

Asegurar que los toros de lidia poseen una alta sensibilidad parece exagerado, la sensibilidad y razón son elementos que nos hacen superiores como especie, entre más sensitivos, mas humanísticos. Las bestias, por ello son bestias por su carencia de razón y sensibilidad “sensorial” y razonada.

Asegurar que la fiesta brava no es arte ni cultura, es una postura enana, reducida en cuanto a historia y bagaje cultural.

No se pueden establecer claramente sus orígenes, pero el toreo es una de las representaciones sociales más antiguas aún vigentes, es la representación teatral más antigua y fiel del teatro en su concepción primigenia.

Los más antiguos y rupestres testimonios del uso y festejo con toros datan el 1800 -1600 a.C. en el norte de África y sur de Europa, principalmente en la península ibérica y región Bretaña (Francia).

En esta época las representaciones no se realizaban con toros como los conocemos ahora, sino con uros, bestia muy similar en carácter y fisonomía al actual toro de lidia, pero además se hacían representaciones con otros animales salvajes.

La connotación social de estos enfrentamientos era de carácter místico- religioso y recreativo, aunque también funcionaba como elevador social de los guerreros que enfrentaban y triunfaban ante las bestias.

Se les el carácter religioso por varias razones, a manera de tributo, donde los esclavos o sacerdotes eran “aventados” al ruedo para ser sacrificados. En otros casos eran aventados pero si lograban sobrevivir era señal divina de que eran aptos y servirían más en la tierra que en el otro mundo.

Estas representaciones servían también para tantear a la naturaleza, en determinada época del año (antes del invierno o verano) un guerrero que representaba al ser humano o tribu, peleaba con criaturas salvajes que representaban a la naturaleza o algún ente relacionado con ella.

Sí el guerrero triunfaba se interpretaba como una buena señal y las lluvias serían abundantes, la cosecha buena o el invierno menos áspero.

Por el contrario, si la bestia ganaba se interpretaba que en ese periodo o estación la naturaleza se impondría al hombre, a lo terrenal.

Tiempo después estos ritos tomaron un carácter recreativo, los vestigios más evidentes son los del teatro romano que ante multitudes representaba “actos” de valentía donde los nobles mostraban sus dotes de caza. El triunfar le aseguraba ascenso en su status y reconocimiento social.

A manera de diversión los hombres condenados a muerte eran arrojados al coso para ser demorados por leones, cornados por uros o aplanados por manadas de caballos.

Como obra de arte, al exponer a un actor a dominar una bestia que representaba el mal, los vicios o defectos, dependiendo de quien ganara las fiestas toman distintos rasgos.

Siguiendo esa rica tradición teatral con el binomio o combato hombre bestia, hacia el siglo X en la península ibérica y buena del mediterráneo ya se celebraban fiestas de toros, con un añadido importantísimo, el guión y los elementos básicos de la fiesta.

Por esa época aparece el lanceo que era practicado por la realeza ibérica, gala y hasta británica, cada vez que había triunfos bélicos, nacimientos reales o buena cosecha se lanceaban toros.

También se añaden los mozos o cuadrillas para acercar y distraer al burel a capote y espada.

Al mismo tiempo la representación define su guión: el romance, el idilio, las relaciones hombre y mujer, el cortejo.

Hacia el siglo XVII ya se sabía y entendía plenamente que la fiesta brava era una representación de las relaciones amorosas entre hombre y mujer.

Hasta el día de hoy, el hombre es representado por el toro, fuerte, bravo, poderoso, pero a la vez ingenuo. La mujer es representada por el torero por ello porta medias. Usa coleta, se viste de luces; es más estético, hábil, elegante, domina la fuerza bruta con suaves movimientos.

El objetivo es plasmar en cada movimiento una escena estética, donde a manera de cortejo el toro embiste y la “mujer”, pese al peligro lo encara sin inmutarse, sin perder la pose, sin descomponer el trazo.

La escena estética la postal se recrea y contiene valor visual y artístico si la fuerza bruta es inmovilizada por elementos humanos, por “trastos y nervios”.

Este guión explica también por qué tres tercios o “actos”, el del conocimiento e impresión donde el “hombre” impulsivamente busca dominar a la “mujer”, donde presenta un cortejo y las primeras dificultades sociales y/o familiares a enfrentar, el encare a los chaperones (picadores)

El segundo trataría de una relación ya con comunicación y los primeros reproches o desprecios de la “mujer” (banderillas) que lejos de amilanar al “varón” le generan mayo deseo de consumir y consumirse en la “mujer”.

Finalmente el clave, la hora de matar el fin de la relación o el matrimonio.

A grandes rasgos estos son los motivos de la fiesta, que ha sobrevivido con antiquísima tradición cultural y artística.

No entiendo como los antitaurinos se rasgan las vestiduras por cambios en las fiestas y costumbres sociales al tiempo que quieren acabar con uno de los rito- espectáculo social más antiguo y representativo de la occidentalización. También entiendo que muchos no aprecien el toreo, porque como toda manifestación artística requiere bagaje y sentido estético, y no todos quieren, pueden y ni deben tenerlo.

 Habiendo tantos y tantos problemas como pobreza, desnutrición, narco, enfermedades y las mil calamidades modernas se gaste tanto y tanto dinero y tiempo en censurar un espectáculo entre hombre y bestia, habiendo tantos espectáculos involuntarios, hombre- hombre. Parece solo pose en boga.

Más allá si de veras quieren salvar la vida de animales, en el norte del país millones de cabezas de ganado están muriendo de hambre y sed, allí hay un buena y real oportunidad de ayudar a las bestias que a diferencia de los toros de lidia no tienen ni que comer.

 PUNTO FINAL.

¿Lizetth Farah o Faramalla?

PABLO TORRES CORPUS

(El Alacrán, Jerez, Zacatecas 11 abril 2010)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s