Las Guerras y Punto Final

Pese a que la guerra (en cualquiera de sus tipos) es una de las actividades más antiguas de la humanidad, seguimos pensando que son enfrentamientos unimodales, que se libran en un solo campo y que tienen ganador o perdedor absoluto.

Todas las guerras son multimodales deben combatirse y se combaten por muchos frentes: a balazos, con sesos, psicológicamente, etcétera.

La historia nos dice que ninguna guerra se gana o se pierde del todo, siempre queda alguien, algo que mantiene viva la llama de su causa, la esperanza, la ideología. Ejemplo, la Segunda Guerra no acabó con el nazismo, ni la Revolución con los terratenientes, ni la Iraquí con Al Quaeda.

Toda guerra inicia cuando un bando, Ejército o grupo rebasa algún límite establecido y respetado ya sea por miedo o consenso, puede ser límite territorial, de competencias o derechos. Cuando se viola la línea el agredido lucha por mantener o recuperar su sitio, igual el agresor.

En México este actividad tomó auge a principios de los 50´s y se mantuvo sin “novedad” durante casi cincuenta años, el problema fue cuando los capos rebasaron los límites de lo que era el negocio tradicionalmente ejercido y social e institucionalmente tolerado, cuando arrebataron espacios a la sociedad y atribuciones al gobierno.

Antes decían que los pleitos entre narcos eran solo entre ellos, se respetaba a las familias, la sociedad civil no era víctima directa ni de alto impacto.

El problema se agudizó cuando el narco brincó el límite y pasó de ejercer delitos masivos de bajo impacto “sin víctima ubicada” (venta de droga) a cometer delitos “particulares” de alto impacto con víctima ubicada (secuestro, extorsión, cobro de piso y paso).

Al diversificar sus actividades rompieron muchos límites que el Estado mexicano no les había cedido. Su ilegalidad la instalaron en la sociedad que empezaron a atacar en lo particular.

Tarde, pero el Gobierno respondió como debería a fin de regresarlos a esos límites que durante la pasividad foxiana rebasaron.

Y en eso consiste el triunfo de todas las guerras en regresar al enemigo a sus límites o en caso de invasión o agresión ubicarlos en los límites que el agresor les plantea.

El éxito de la narcoguerra no radica en que deje de haber narcos, adictos, compradores, mientras haya quien compre habrá quien venda; el éxito radica en que esos narcos que siempre existirán regresen a su “cause” delictivo sin ir más allá de las fronteras de vender algo ilegal.

El triunfo de la narcoguerra está en que los narcos vuelvan al redil de la clandestinidad típica del delincuente y dejen de ostentarse como malosos a fin de hacer lo que les venga en gana sin que nadie haga o pueda decir nada.

Punto Final.

Si hicieran un concurso del spot electoral más chafa y acartonado ¿quién ganaba? Los del Presidente del CDE del PAN o los del IEEZ. Reñido.

(Imagen, Zacatecas  24 de febrero de 2010)

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