Don Jesús y Punto Final.

 (Primera de dos partes)

No puedo decir cuando conocí a Don Jesús Sánchez, porque cuando nací ya estaba ahí dentro del inventario de afecto y enseñanza que nos regala Dios al nacer.

Por obviedad no lo recuerdo pero mi madre y hermana me comentaban que fue de las tres primeras personas en visitarme después de nacer.

En esa época mi hermana Norma se desempeñaba como Oficial Mayor, mientras Don Jesús era alcalde de Jerez, pero como siempre ocurría con Don “Chuy”, convertía las relaciones laborales en afectivas.

Me cuentan que en mis primeros meses cuando hubo dificultades él estuvo ahí, como apoyo incondicional y dispuesto.

Después y ya por memoria propia, lo recuerdo abundantemente y ubico perfectamente en el Restaurante “Villa Flavia”, en el Comité Municipal del PRI, en campaña y como Presidente Municipal en su “asegundada”.

Siempre pulcro, directo y galante con las damas, era un gusto ir a saludarlo al despacho, al que pese a mi edad nunca me restringió la entrada.

Cuando acudía a su casa o despacho, siempre me hacía bromas, contaba chistes blancos y me despedía con un generoso “domingo”, que siempre me dio sin importar el día de la semana o la frecuencia con que lo visitara y sin que mediara algún padrinazgo oficial o religioso.

Después comprendí que él siempre fue por decisión propia y para mi fortuna, algo más que un padrino, más aún que un padrinazgo de afecto; yo, igual que muchos funcionarios, políticos o empresarios gozamos de ese gusto natural por ayudar a “muchachos inquietos, cabrones o no pendejos”, como decía.

Mi paso por la secundaria y un instituto de computación coincidió con su periodo como diputado local, con fe ciega en “mis conocimientos” computacionales me empezó a encargar “trabajitos”: instalarle “ese invento del hombre blanco” (su computadora), transcribir discursos, imprimirlos.

Entonces, yo sentía haber dado un gran paso al mínimamente empezar a corresponder (Don Jesús decía que los favores jamás se pagan solo se corresponden) a tanta generosidad, aunque el pago por esos trabajos era más que generoso y regularmente iban acompañados de una invitación a comer, aunque sin pisto, que por la edad me lo restringía.

Pero sin duda lo que más me hizo convivir, aprender y conocer de Don Jesús, fue su idea de escribir un libro.

En verano de 2000, mientras comíamos mandó pedir una carpeta con varias hojas manuscritas, ahí me leyó algunas y me enseñó otras que ya habían sido transcritas y me dijo que cuando tuviera “chancilla” le echara la mano.

Así, primero irregularmente empecé a transcribir, luego a sugerir, y aunque parezca increíble, tomaba en cuenta mis comentarios, de orgullo me llenaba que sin merecerlo me pidiera opinión y diera el trato que daba y si merecían sus correctores de estilo, realmente conocedores.

Cuando me negaba a opinar me decía: “Don Pablo, no se haga güey, recuerde que el pendejo ni de Dios goza”.

PUNTO FINAL.

Los muertos se van cuando el olvido los sepulta.

torrescorpus@hotmail.com

(segunda de dos partes)

La semana pasada dedicamos este espacio a la memoria de Don Jesús Sánchez, a la entrañable relación que muchos mantuvimos con él; que por su sentido del afecto se convirtió un una especie de patriarca afectivo.

Narraba como la cercanía que desde que nací existió con él, se reforzó a partir de su idea de escribir “Mi Chingada Gana”, gracias a eso pasé meses aprendiendo, viendo las miles de fotos que celosamente cuidaba y que tapizaban las paredes de su despacho, es un agasajo, especialmente sí nos gusta la política, ver ese camino de vida que con imágenes sintetizó.

En las fotos estaban sus afectos, sus conocidos, compañeros y adversarios, a todos los “colgaba” para “repasar la vida”.

Don Jesús siempre dio prioridad a las la fotos con amigos sobre los reconocimientos, yo mismo le ayude a quitar diplomas para poner alguno de sus “collages”.

A unos meses de cumplir mis 18 y luego de capturar el primer esbozo del libro, lleno de alegría por el “deber cumplido” Don Jesús sacó una costosa botellas de tequila y se sirvió, viendo mis ojos de anhelo por la espirituosa bebida me dijo “compañero le voy a servir una con poquito, para niños”.

Para reforzar su afirmación, le conté de mis pininos etílicos, solo me escuchó y me pidió que con “copitas encima evitara los desfiguros, los negocios y las promesas amorosas”.

Esa tarde y con Lucas León como testigo prometimos que cada capítulo capturado por nosotros y cada episodio corregido por sus editores sería celebrado con una tequilita, por eso “Mi Chingada Gana” tiene 20 capítulos y en el tintero quedaron otros cuatro.

Su confianza y generosidad me permitió ser testigo discreto, a veces activo de decenas de reuniones con personajes de la política, funcionarios y candidatos de todos los partidos que iban en busca de consejo, opinión o a llevar quejas.

Don Jesús siempre fue priísta, pero eso le impidió recibir a cuanta persona o candidato tocara su puerta, a veces su claridad y contundencia al hablar provocó que algunos se sintieran ofendidos, cuando eso ocurría decía: “peladito tan güey, prefiero que me odie por sincero a que me quiera por mentiroso”.

El contar y disfrutar de su generosa amistad o padrinazgo afectivo, me abrió cientos de puertas, me permitió conocer a decenas de personas, convivir con su familia; conocer más de lo que podía asimilar; escribir en IMAGEN; conocer el sentido y valor de la amistad y muchas, muchas cosas.

Es imposible en dos entregas reseñar a un hombre con las particularidades de Don Jesús, sus “dichos de viejito, evangelio chiquito” hubieran llenado los espacios, ni con un libro se pudo condensar el anecdotario. 

Por hoy me despido con uno de sus tantos consejos, “no te acobardes, vive, chingale, disfruta porque hagas los que hagas, seas lo que seas te va a llevar la chingada; vive, piensa como te dé tu chingada gana, pero vive y piensa bien”.

PUNTO FINAL.

Feliz Navidad, Felices Fiestas…

PABLO TORRES CORPUS

IMAGEN 16, 23 diciembre 2009

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