Vargas Llosa y Punto Final

Cumpliendo el testamento de Alfred Nobel de entregar anualmente un premio “a quien haya producido en el campo de la literatura la obra más destacada, en la dirección ideal”, la Academia Sueca informó ayer que Jorge Mario Pedro Vargas Llosa es el galardonado 2010 por “por su cartografía de las estructuras del poder y sus imágenes mordaces de la resistencia del individuo, su rebelión y su derrota”.

La bendita subjetividad de la literatura y la opinión siempre envelada de la Academia Sueca genera polémica sobre los meritos de Don Mario para obtener la presea, pero sea cual sea la opinión ahí está su vida literaria llena de estampas que pese a su cercana cotidianeidad eran lejanas a la estética de las letras.

“La ciudad y los perros” con sus señas y daños de saña puberta, militares que forman pero no informan; “La Casa Verde” y la intensidad estructurada de los burdeleros afectivos, los sacerdotes iracundos y las improvisadas prostitutas.

“Conversación en la Catedral” y la sacra elevación de los bares pobres como lugares de culto capaces de ubicar y deshilar la cobija dictatorial que impide el despertar social. “Pantaleón y las visitadoras” lleno de resortes entre el deber militar y la necesidad humana satisfecha a través de un “erotour”.

Ponderando siempre la rebeldía individual sobre los canones sociales, de la suave mano de “la tía Julia y el escribidor” nos llevó a conocer a un aspirante a escribidor y su amor imposible (que se volvió posible) por Julia, su tía política, diez años mayor que él, al tiempo que un libretista se convierte en su “musa”.

Y qué decir de “la Guerra del Fin del Mundo”, “la fiesta del Chivo” o las “Travesuras de la niña mala” y tantas otras, algunas modestas que sin sacudir la conciencia han refrescado la inteligencia, expandiendo la técnica literaria de los cruces y contra las “cruces”.

Adicional a la mina de estampas que es la obra de Vargas Llosa, este Nobel como muchos otros ha llegado por meritos “periférico”.

Desde los 60´s sorprendió al mundo con sus críticas a la izquierda, contrario a la mayoría de los intelectuales de la época nunca se dejó seducir por las promesas de bienestar pleno que los políticos e intelectuales de izquierda vociferaban como axioma.

Mario aguantó con esplendor siempre manifestó que su crítica no era a la izquierda per se, sino a su “moderna” incapacidad de distinguir entre pensamiento conservador y liberal; a la promoción del conformismo general para satisfacer al caudillo que suponen encarna todas las virtudes de una izquierda que dejó de serlo cuando dejó de distinguir y criticarse.

Hoy, el Nobel no solo reconoció la obra magna de Vargas Llosa, reconoció también la perseverancia de las ideas y críticas minoritarias en una región donde criticar a la izquierda o señalar a los caudillos significaba suicidio político y exilió cultural.

Se reconoció el valor del liberalismo y su “pequeño” andar sobreviviente entre pies de gigantes dictatoriales.

PUNTO FINAL
La diferencia entre los intelectuales y los sabios es la prudencia; la diferencia entre los intelectuales y los héroes es la congruencia.

Pablo Torres Corpus 

torrescorpus@hotmail.com

www.twitter.com/torrescorpus

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